Si destruyes al prójimo por envidia, orgullo y ansias de poder el Papa te da este consejo
- 17 may 2016
- 3 Min. de lectura
Por Alvaro de Juana
ACIPRENSA

“Esto es lo que sucedió con los apóstoles, también con la madre de Juan y Jacob, es una historia que sucede cada día en la Iglesia, en cada comunidad. ‘De nosotros, ¿quien es el más grande?, ¿quién manda?’. Las ambiciones. En toda comunidad –en las parroquias o en las instituciones– siempre hay esta querencia de ‘escalar’, de tener el poder”.
Francisco manifestó entonces que “la vanidad, el poder… es como y cuando tengo esta querencia mundana de ‘ser con el poder’, no de servir, sino de ser servido, no se ahorra nunca cómo llegar: los chismes, ensuciar a los otros… la envidia y los celos llevan a este camino y destruye. Y esto nosotros lo sabemos todos”, aseguró.
El Obispo de Roma expresó que ocurre “en cada institución de la Iglesia: parroquias, colegios, otras instituciones, también en los obispados… todos. La querencia del Espíritu del mundo, che es espíritu de riqueza, vanidad y orgullo”.
"Cuando los grandes santos decían sentirse muy pecadores es porque habían entendido este espíritu del mundo que estaba dentro de ellos y tenían muchas tentaciones mundanas”.
“Ninguno de nosotros –prosiguió– puede decir: no, yo soy una persona santa, limpia”, pero “todos nosotros somos tentados por estas cosas, somos tentados de destruir al otro para subir”, afirmó.
“Es una tentación mundana, que divide y destruye la Iglesia, no es el Espíritu de Jesús”, recordó antes de pedir imaginar la escena: ‘Jesús que dice estas palabras y los discípulos que dicen ‘no, mejor no preguntar demasiado, vamos adelante’, y los discípulos que prefieren discutir entre ellos sobre quien será el más grande”.
Francisco terminó diciendo: “Nos hará bien pensar en las veces que hemos visto esto en la Iglesia en las veces que nosotros hemos hecho esto, y pedir al Señor que nos ilumine para entender que el amor por el mundo, es decir, este espíritu mundano, es enemigo de Dios”.
Lecturas comentadas por el Papa:
Primera lectura
Santiago 4:1-10 1 ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que luchan en vuestros miembros? 2 ¿Codiciáis y no poseéis? Matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Combatís y hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. 3 Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones. 4 ¡Adúlteros!, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios. 5 ¿Pensáis que la Escritura dice en vano: Tiene deseos ardientes el espíritu que él ha hecho habitar en nosotros? 6 Más aún, da una gracia mayor; por eso dice: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. 7 Someteos, pues, a Dios; resistid al Diablo y él huirá de vosotros. 8 Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Purificaos, pecadores, las manos; limpiad los corazones, hombres irresolutos. 9 Lamentad vuestra miseria, entristeceos y llorad. Que vuestra risa se cambie en llanto y vuestra alegría en tristeza. 10 Humillaos ante el Señor y él os ensalzará.
Marcos 9:30-37 30 Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera, 31 porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.» 32 Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. 33 Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?» 34 Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. 35 Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.» 36 Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: 37 «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado».







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