Economía mundial permanecerá débil por más tiempo
- 21 abr 2016
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Grupo Multiva
Colaborador en Excélsior.

Es claro que la economía global no ha dejado atrás los efectos negativos de la crisis que se originó en 2008, situación que se traduce en constantes revisiones a la baja de las expectativas de crecimiento, tal y como sucedió la semana pasada por parte de uno de los principales organismos a nivel global, el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Por consiguiente, los motores económicos se han ido apagando de manera gradual, especialmente los de los países emergentes, a quienes se les ha ido desvaneciendo el brillo que mostraban hace algunos años; mientras que las naciones avanzadas tampoco logran recuperar el dinamismo que presentaban previo a la crisis.
El FMI estimó que la economía mundial crecerá 3.2% durante 2016 (nivel apenas superior al 3.1% que se daba en 2015), mostrando un deterioro respecto a los años anteriores y reflejando que el entorno seguirá siendo de cautela.
Con ello, son muy pocas las economías que se han mostrado relativamente sólidas, principalmente Estados Unidos. Cierto es que su crecimiento es moderado, pero ha expuesto una mayor resistencia a los choques externos, permitiéndole repetir un crecimiento de 2.4% e ir progresando de manera gradual.
La economía estadunidense estará siendo la fuente de crecimiento mundial, pues otros países desarrollados se siguen enfrentando a un crecimiento económico débil y, sobre todo, a una inflación que se mantiene sumamente baja, traduciéndose en amplios riesgos de deflación.
Lo anterior es el escenario al que se enfrentan la eurozona y Japón. De ambas se espera un crecimiento económico débil y una inflación que se mantenga baja, orillando a las autoridades a cuidar una política monetaria laxa.
Ya lo hemos comentado, tal parece que los mayores estímulos monetarios están perdiendo de manera gradual sus efectos positivos, pues han hecho falta políticas estructurales que apoyen a que la economía exponga una mejor dinámica.
Respecto a los países emergentes, éstos han dejado de ser el motor de crecimiento y se han convertido en el principal riesgo para la economía y los mercados financieros a nivel global.
Si bien el principal foco de atención se ha centrado en la economía de China, la realidad es que era necesario que el país asiático se trasladara a un modelo que le permita un crecimiento más sostenible, aunque esto represente tasas más moderadas. Así pues, parece que el proceso está siendo exitoso y en línea con lo planeado por el gobierno.
Por el contrario, otros países muestran un escenario más crítico, como Brasil, que enfrenta una de las mayores crisis económicas y políticas de su historia, y además ligará su segundo año en terreno de la contracción; o Rusia, que al igual que muchos de los países emergentes, se vio afectada por la caída de los precios del petróleo.
Y son precisamente los bajos precios del crudo, que se prevé que se mantengan en niveles bajos durante un tiempo prolongado, uno de los limitantes de los países emergentes para poder generar políticas, en especial en materia fiscal.
Ante este entorno, las expectativas para la economía mexicana no lucen tan catastróficas. Si bien es cierto que mantendrá un ritmo de crecimiento lento, sigue luciendo como una de las mejores de entre los emergentes, pues, pese a que el peso ha mostrado una fuerte depreciación, no se ha visto traducido en altas tasas de inflación como en la mayoría de los países emergentes, y ha permitido que la política monetaria no muestre ajustes tan rápidos.
Es así como México tuvo una reacción oportuna en la parte de finanzas públicas y, aunque es cierto que el entorno continúa siendo complicado, las medidas que se han tomado parecen ser adecuadas a fin de mantener una buena posición fiscal del país, permitiéndole a la economía nacional seguir como uno de los países emergentes preferidos de entre los inversionistas.







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